Elegir entre los procesadores Ryzen de AMD puede parecer complicado si no se conocen las diferencias reales entre las distintas familias, pero la verdad es que una vez que se entiende la lógica detrás de las series 3, 5, 7 y 9 todo cae por su propio peso. Desde que debutaron los primeros modelos allá por el 2017, los procesadores Ryzen se han ganado su fama a pulso ofreciendo una relación entre precio y rendimiento que costaba encontrar en el mercado. Y esa historia, con altibajos incluidos, sigue marcando el presente de la marca.
Cuando aparecieron los primeros chips con arquitectura Zen se produjo algo que se puede calificar sin exagerar como una pequeña revolución. No superaban a la arquitectura Skylake de Intel en IPC, quedaban a medio camino entre esa y Haswell, pero lograron algo que cambió las reglas del juego. Democratizaron los procesadores de seis y ocho núcleos, que hasta entonces estaban reservados a bolsillos muy generosos.
De la revolución de Zen a los precios que dieron que hablar
Basta mirar las cifras para entenderlo. Antes de la llegada de los Ryzen 1000, un procesador de ocho núcleos y dieciséis hilos como el Core i7 6900K costaba más de 1.300 euros. El Ryzen 7 1800X, con la misma configuración de 8 núcleos y 16 hilos, salió a 569 euros. Y por 359 euros ya se podía tener un Ryzen 7 1700. Los números hablan solos.
Con Zen+ llegaron pequeños ajustes que mejoraron ligeramente el IPC, mientras que Zen 2 fue la verdadera consagración del diseño MCM y disparó el rendimiento hasta ponerlo casi al nivel de Intel. Zen 3, por su parte, permitió a AMD superar por fin a Intel en IPC. Fue una arquitectura fantástica, pero también trajo consigo una subida de precios que dejó a la serie 5000 en una posición incómoda. Un Ryzen 5 5600X costaba 349,90 euros en su lanzamiento, mientras que el Ryzen 5 3600 se conseguía por 209,90 euros. La diferencia era difícil de justificar, sobre todo cuando por ese dinero se podía comprar un Ryzen 7 3700X con ocho núcleos.
Los Ryzen 7000 mantuvieron precios altos al principio, que fueron bajando cuando Intel volvió a plantar cara. Esa generación mejoró mucho el IPC, dio el salto al nodo de 5 nm, cambió del socket PGA al LGA y abrazó la memoria DDR5 junto al estándar PCIe Gen5. Curiosamente, no desplazó a los Ryzen 5000, que siguen siendo una opción muy interesante por su precio contenido. El Ryzen 5 5600 ha estado disponible por menos de 130 euros y el Ryzen 7 5800X3D sigue siendo una joya para actualizar un equipo pensado para jugar sin tocar placa ni memoria.
Ryzen 9000 y la gran sorpresa del 2026
Los Ryzen 9000 han sido la última renovación de gama alta de AMD. No supusieron un salto tan grande como los Ryzen 7000, pero trajeron novedades interesantes, como el salto al nodo de 4 nm de TSMC y una mejora más sustancial en aplicaciones y pruebas sintéticas. El Ryzen 7 9850X3D, lanzado este año, se ha convertido en el procesador más potente para juegos gracias a su IPC y a unas frecuencias más altas.
La verdadera bomba, sin embargo, ha sido el Ryzen 9 9950X3D2. Los rumores hablaban de un chip con dos chiplets de caché L3 apilada en 3D y al final se cumplieron. Cuenta con 16 núcleos y 32 hilos basados en Zen 5, 64 MB de caché L3 más otros 64 MB apilados bajo cada chiplet, lo que da un total espectacular de 192 MB. Ofrece un rendimiento en juegos casi idéntico al del Ryzen 7 9800X3D, pero se dispara en multihilo y en tareas como IA, simulaciones físicas y cargas del sector médico y científico. No es un procesador para todo el mundo, pero sí vale para todo, y hoy por hoy es el más potente del mercado de consumo general, fuera de las series Threadripper y EPYC.
Las seis arquitecturas Zen y qué usuario busca cada familia Ryzen
AMD ha usado un total de seis arquitecturas en sus procesadores Ryzen: Zen, Zen+, Zen 2, Zen 3, Zen 4 y Zen 5. No está de más recordar que tras Piledriver la compañía pasó más de cinco años sin lanzar una arquitectura nueva, y sin embargo entre el 2017 y hoy ha presentado cuatro. Un cambio de rumbo que pone las cosas en perspectiva.
En cuanto a las familias, los Ryzen 3 de las series 1000 y 2000 llegan con cuatro núcleos y cuatro hilos, pensados para presupuestos muy ajustados y tareas básicas, apoyados en Zen y Zen+, con 8 MB de caché L3 y frecuencias de hasta 4 GHz. La serie 3000 mantiene los cuatro núcleos pero suma ocho hilos gracias al SMT, con 16 MB de caché L3 y hasta 4,3 GHz, capaz de moverse incluso en muchos juegos actuales aunque se quede corta con los más exigentes.
Los Ryzen 5 de primeras generaciones se dividen entre modelos de cuatro núcleos y ocho hilos y otros de seis núcleos y doce hilos, siendo estos últimos los que mejor han envejecido. El mítico Ryzen 5 1600 AF fue durante un tiempo el mejor procesador por menos de 100 euros. A partir de la serie 3000, los Ryzen 5 se asientan en los seis núcleos y doce hilos, con un IPC que va subiendo generación tras generación, desde uno adecuado en la serie 3000 hasta uno muy alto en la serie 9000.
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Imagen: muycomputer.com
