Las tarjetas 3dfx Voodoo fueron, durante unos años, sinónimo absoluto de videojuegos en PC. A finales de los años 90, cualquiera que quisiera disfrutar de títulos como Quake, Unreal o Tomb Raider con gráficos 3D de verdad necesitaba, casi con total seguridad, una de estas piezas. El nombre estaba en boca de todos, y quien vivió esa época lo recuerda perfectamente.
Y sin embargo, apenas cuatro años más tarde, desaparecieron. Sin dejar casi rastro. Si no se tiene cierta edad, es probable que ese nombre ni siquiera suene, algo que resulta normal, porque después de aquel momento de gloria nunca más volvimos a verlo. Vale la pena repasar cómo se llegó hasta ahí.
Qué pasó realmente con las 3dfx Voodoo
La caída de 3dfx no ocurrió de la noche a la mañana, aunque da la sensación de que todo sucedió muy deprisa. Un año eran lo más de lo más, y al siguiente ya no tanto. Y no porque sus tarjetas se volvieran malas de repente, para nada. El problema fue que la competencia empezó a moverse mucho más rápido que ellos, algo bastante habitual en esta industria y que ya hemos visto repetirse otras veces.
Al principio, la empresa tenía algo que nadie más ofrecía. Todo estaba pensado para exprimir al máximo el rendimiento de sus productos. Su tecnología Glide funcionaba de maravilla y muchos juegos lucían mejor ahí que en cualquier otro lado. Pero eso también tenía su cara B, porque todo dependía de que los juegos estuvieran preparados para ello. Un arma de doble filo.
Mientras tanto, otras compañías empezaron a apostar por algo más universal. Direct3D, por ejemplo, fue ganando terreno porque permitía que los juegos funcionaran bien en distintas tarjetas y no solo en una marca concreta. Poco a poco los desarrolladores tiraron por ese camino. Era simplemente más práctico, y en tecnología lo práctico casi siempre acaba imponiéndose.
El empuje de NVIDIA y una decisión que costó cara
En medio de todo aquello, NVIDIA empezó a apretar de verdad. Lanzaban tarjetas nuevas a buen ritmo, mejoraban muchísimo de una generación a otra y, sobre todo, eran más flexibles. Puede que al principio no resultaran tan espectaculares como una Voodoo, pero cada vez estaban más cerca. Hasta que dejaron de estarlo, y ahí cambió todo.
Y luego llegó una decisión que les salió regular. 3dfx compró STB Systems para fabricar y vender sus propias tarjetas de forma directa. La idea sobre el papel no era mala, pero tuvo consecuencias serias. Muchas de las empresas que antes montaban y vendían sus chips dejaron de trabajar con ellos. Es decir, perdieron aliados justo en el peor momento, cuando más falta les hacían.
Con la cuota de mercado cayendo y los socios dando la espalda, el terreno quedó despejado para que NVIDIA diera el paso final y se quedara con lo que quedaba del imperio de las Voodoo.
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Imagen: hardzone.es
