Conectores de red: qué es el RJ45 y qué cable Ethernet elegir

Los conectores de red son los héroes silenciosos de tu conexión: descubre por qué el RJ45 y el cable adecuado marcan la diferencia.

by Felice Galluccio
Conectores de red: qué es el RJ45 y qué cable Ethernet elegir - conector RJ45

Guía completa sobre los conectores de red: lo que de verdad importa

Cuando alguien monta una red en casa o en la oficina, casi siempre mira la potencia del router o la velocidad que promete la compañía, pero los verdaderos protagonistas son los conectores de red. Son ellos los que hacen el trabajo sucio, actuando como puente físico entre el cable y el equipo. Sin estas piezas sería imposible que los datos viajaran de un punto a otro de forma estable. En pocas palabras, son los terminales que cierran un tramo de cableado y dejan que ordenadores, switches o módems se den la mano y empiecen a intercambiar información.

A veces nos liamos con los nombres, porque llamamos enchufe, toma o puerto a cosas que no son lo mismo. Para entendernos: el conector es la pieza pegada al cable, mientras que el puerto es el hueco donde lo metemos. Existen decenas de variantes según transmitan datos, vídeo o incluso pulsos de luz, y elegir bien marca la diferencia entre una conexión que vuela y otra que se corta cada dos por tres.

El reinado del RJ45 y los cables Ethernet

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Si alguna vez has enchufado un cable de internet, casi seguro que usaste un conector RJ45. Es el estándar absoluto de las redes Ethernet, esa pieza de plástico transparente con ocho pines metálicos bañados en oro para evitar la corrosión y una pestaña que hace clic al encajar. No todos los RJ son iguales, eso sí. El RJ11 es el de los teléfonos fijos, más pequeño y con solo cuatro contactos, mientras que el RJ45 maneja ocho hilos de cobre y permite velocidades mucho más altas.

Dentro de esos cables tampoco todo vale lo mismo. El Cat5e aguanta hasta 1 Gbps, ideal para un uso doméstico tranquilo. El Cat6 sube hasta 10 Gbps en distancias cortas, y el Cat6a mantiene esa cifra hasta los 100 metros gracias a un blindaje más serio. Luego está la artillería pesada, el Cat8, que llega a 40 Gbps aunque se ve más en centros de datos que en el salón. También conviene saber que los cables UTP van sin blindaje y son más baratos, mientras que los FTP o STP llevan lámina metálica para protegerse del ruido eléctrico.

Fibra óptica, colores y montaje casero

Para que todo funcione, los ocho hilos no pueden ir puestos al azar. Ahí entran las normas T568A y T568B, que indican qué color va en cada pin. El T568B es el más común hoy en día. Con la misma norma en los dos extremos tenemos un cable directo, y con normas distintas un cable cruzado, aunque casi todas las tarjetas actuales llevan Auto-MDIX y lo detectan solas.

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El cobre tiene un límite: pasados los 100 metros la señal empieza a morir. Ahí manda la fibra óptica, que usa pulsos de luz y alcanza distancias kilométricas con conectores tipo LC, SC o ST, mucho más delicados. Si te gusta el bricolaje, puedes fabricar tus propios cables con una crimpadora, pelando la cubierta, ordenando los pares según los colores y apretando la herramienta para que los pines hagan contacto. Un tester de cables te dirá con luces si has acertado la secuencia. Y para rematar, conviene usar canaletas, rosetas RJ45 y evitar que las líneas de datos vayan pegadas a los cables eléctricos, porque eso genera interferencias que ralentizan la navegación.

Fuente
Imagen: androidayuda.com

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