Poder tener las aplicaciones gráficas de Linux corriendo tanto en Android como en Windows ya no pertenece al terreno de la ciencia ficción. La frontera entre los sistemas móviles y los de escritorio se difumina cada día un poco más, y hoy resulta perfectamente viable llevar la versatilidad de Linux al bolsillo o meter herramientas potentes de código abierto dentro de Windows sin dolores de cabeza.
Da igual si la idea es transformar el teléfono en una estación de trabajo portátil o exprimir la potencia de un PC para mover apps móviles. Existen soluciones avanzadas que hacen posible esta convergencia. Desde hipervisores hasta capas de compatibilidad, el ecosistema actual abre caminos que sorprenden a más de un aficionado a la informática.
Android Canary y la llegada de AVF
En las versiones más experimentales del sistema, en concreto la rama Canary, Google ha metido un avance considerable. Ahora se pueden ejecutar aplicaciones gráficas de Linux directamente desde la app de Terminal, algo que antes se quedaba solo en comandos de texto.
Todo esto funciona gracias a una arquitectura basada en el proyecto Ferrochrome. El sistema aprovecha el Android Virtualization Framework apoyándose en el hipervisor KVM y en la infraestructura de crosvm para levantar una máquina virtual con Debian GNU/Linux. Para que el usuario pueda ver e interactuar se usa Weston como servidor compuesto, referencia del protocolo Wayland, que renderiza el software de escritorio en la pantalla del móvil.
Al ponerse a trastear aparece en la Terminal un botón llamado «Mostrar» que activa la redirección gráfica. En las pruebas más recientes se ha ejecutado sin problemas el editor Gedit y otros programas de GNOME. Incluso se ha logrado correr juegos como Doom, prueba de que el rendimiento es más que decente. El secreto para que la cosa vaya fina está en la aceleración gráfica por hardware mediante VirGL. Este sistema de GPU virtual, nacido del proyecto Virgil3D, se activa con un truco sencillo. Basta con crear un archivo vacío llamado virglrenderer en la ruta /sdcard/linux, y al reiniciar la Terminal el mensaje «VirGL habilitado» confirma que todo está en orden.
Linux dentro de Windows y Android en el escritorio
Para el camino inverso, Microsoft ha hecho un trabajo notable con el Subsistema de Windows para Linux. WSL 2 permite que las aplicaciones con interfaz gráfica de Linux, tanto X11 como Wayland, se comporten como si fueran nativas. La integración es total. Se pueden anclar apps de Linux a la barra de tareas, buscarlas en el menú Inicio o saltar entre ventanas con Alt-Tab, y copiar y pegar entre ambos sistemas va de maravilla.
Para empezar hace falta Windows 11 o Windows 10 (Build 19044 o superior) y tener instalados los controladores de vGPU. Desde cero, se abre un PowerShell como administrador y se ejecuta wsl –install. Si ya hay WSL, se actualiza con wsl –update y se reinicia con wsl –shutdown. Después se instala software con apt de Ubuntu, como Gnome Text Editor, GIMP, Nautilus o VLC. Incluso navegadores como Google Chrome descargando el paquete .deb con wget.
Para cerrar el círculo, también hay maneras de correr apps Android en un ordenador con Linux. Anbox destaca por no usar emulación QEMU sino ejecutar Android sobre el mismo núcleo del anfitrión, con las apps abriéndose en ventanas individuales. Se instala mediante paquetes snap y se añaden aplicaciones con ADB desde la terminal. Anbox mantiene las apps en una caja hermética que evita el acceso a datos privados del sistema. También existe Waydroid como alternativa moderna, que algunos usuarios simplifican con herramientas GUI en GTK3 para lanzar el entorno con un solo clic sobre Weston.
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Imagen: androidayuda.com
