El smartphone más antiguo del mundo no cabía en ningún bolsillo moderno, pero cumplía funciones que hoy damos por sentadas. Un objeto medieval de latón, olvidado durante décadas en una vitrina del Museo Miniscalchi-Erizzo de Verona, acaba de convertirse en una pieza clave para entender cómo tres culturas distintas compartieron ciencia y conocimiento. Fue Federica Gigante, historiadora de la Universidad de Cambridge, quien lo identificó casi por casualidad al revisar una imagen colgada en la web de la institución. Bastó esa mirada para darse cuenta de que tenía delante algo rarísimo.
Un ordenador de bolsillo del siglo XI
El análisis posterior confirmó que se trata de un astrolabio islámico del siglo XI. Y aquí viene lo interesante, porque este aparato funcionaba más o menos como funciona un teléfono hoy. Permitía calcular el tiempo, medir distancias, ubicar la posición de las estrellas e incluso coordinar los rezos. Un auténtico ordenador de bolsillo para su época. Lo que lo hace único son las inscripciones que lleva grabadas, en árabe, hebreo y numerales occidentales, todas juntas sobre el mismo metal.
Estudiando el diseño, la construcción y la caligrafía, Gigante lo identificó como andalusí. Una de sus placas contiene inscripciones en árabe para las latitudes de Córdoba y Toledo, lo que apunta a que quizá se fabricó en Toledo durante aquella etapa de convivencia entre musulmanes, judíos y cristianos. El disco perforado que representa el cielo, conocido como rete, ha permitido datarlo con precisión. Como las estrellas se desplazan alrededor de un grado cada 70 años, los cálculos confirman que fueron colocadas justo en la posición que ocupaban a finales del siglo XI.
Actualizaciones, traducciones y algún downgrade
Lo más curioso es que el aparato tenía placas intercambiables, algo parecido a las actualizaciones de software que instalamos en el móvil. Se podía personalizar y evolucionaba según lo que necesitara su dueño. Con el tiempo esas placas se fueron cambiando, y una de ellas, con latitudes del norte de África, revela que el instrumento también se usó en Marruecos o Egipto.
En algún punto el astrolabio salió de Al Ándalus y empezó a circular entre la comunidad judía en Italia. Como allí no se hablaba árabe, varios usuarios tallaron traducciones en hebreo directamente sobre el metal, adaptando nombres de signos como Escorpio o Sagitario. Después llegó lo que hoy llamaríamos un downgrade. Alguien, probablemente un hablante de latín o italiano en Verona, intentó corregir la latitud original con números occidentales. Curiosamente, las mediciones antiguas eran mucho más precisas que esas correcciones posteriores.
Fuente
Imagen: xatakamovil.com
