El chip TPM 2.0 es uno de esos requisitos de Windows 11 que ha generado más confusión y enfado entre los usuarios, aunque la realidad es bastante menos polémica de lo que muchos creen. Desde el 14 de ottobre del 2025, Windows 10 dejó de recibir soporte oficial por parte de Microsoft, salvo que se utilice una cuenta de usuario de Microsoft que da derecho a un año gratuito de soporte ampliado, hasta el 14 de ottobre del 2026. Quien tenga un equipo sin este chip se topa con un muro a la hora de actualizar, al menos por la vía tradicional.
Existen varios métodos para saltarse este requisito, eso es cierto. Pero conviene aclarar algo que se repite mucho y que no se sostiene. No estamos ante un simple capricho de Microsoft, ni tiene nada que ver con la famosa obsolescencia programada que tantos mencionan. La seguridad en un sistema operativo es un asunto serio, sobre todo cuando hablamos de impedir que cualquiera, salvo el propio dueño, pueda meter mano en los datos que guardamos. Credenciales, información personal, todo eso necesita protección.
El chip TPM 2.0 está pensado precisamente para eso. Sirve para evitar que los amigos de lo ajeno accedan a nuestra información, ya sea mediante software malicioso o teniendo el equipo físicamente delante. Y ahí está la diferencia frente a versiones anteriores.
Cómo protege el chip frente a malware y robo de contraseñas
Windows 11 aprovecha el chip TPM para la seguridad basada en virtualización, conocida como VBS. En la práctica esto significa que se crea un entorno aislado dentro de la memoria RAM, una especie de habitación cerrada donde se ejecutan los procesos más delicados del sistema. El objetivo es claro. Evitar que cualquier malware pueda llegar a los cimientos del sistema operativo y hacer estragos desde dentro.
Gracias a este componente se esquivan varios riesgos que de otra forma estarían siempre presentes. Uno de los más serios tiene que ver con el robo de identidad y de contraseñas. En un ordenador que carece del chip, las credenciales de acceso a Windows y las contraseñas que usamos para navegar se guardan por software dentro del propio sistema. Si una aplicación maliciosa termina colándose en el PC, y encima cuenta con permisos de administrador, puede hacerse con todos esos datos y enviarlos a donde le venga en gana.
Aquí es donde el chip cambia las reglas del juego. Se encarga de proteger el acceso a esa información sensible mediante datos biométricos o un código, de modo que nunca abandone el propio chip. Un ladrón podría llegar a robar las contraseñas, vale, pero lo que no puede hacer es clonar el chip que valida la identidad del usuario. Esa pieza queda fuera de su alcance, y ahí reside buena parte de su utilidad real.
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Imagen: hardzone.es
