Cuando hablamos de rendimiento gráfico sin gastar un euro extra en componentes, hay una función que a menudo pasa desapercibida y que puede darnos una mano: Resizable BAR. La idea de fondo es sencilla. Las tarjetas gráficas tienen su propia memoria, la VRAM, donde se guardan texturas, modelos y todo aquello que un juego necesita tener a mano. El problema, hasta hace poco, era que el procesador solo podía asomarse a una pequeña parte de esa memoria cada vez. Como mirar una habitación entera por el ojo de una cerradura.
Con esta tecnología activada, esa limitación se esfuma. La CPU puede acceder a toda la memoria de la gráfica de golpe, y eso agiliza el intercambio de datos. ¿El resultado? En algunos juegos, unos FPS extra sin tocar el hardware ni bajar la calidad de imagen. No es magia, ni tampoco un cambio brutal en todos los casos, pero está ahí y conviene aprovecharlo.
Qué es Resizable BAR y por qué importa
Vamos con la parte más técnica, pero sin complicarnos. Resizable BAR, que viene de Base Address Register, es una función del estándar PCIe que permite redimensionar esa ventana de memoria a través de la cual el procesador accede a la VRAM de la GPU. En vez de trabajar con trocitos pequeños, la CPU se hace con toda la memoria gráfica disponible. Y eso acelera la transferencia de texturas, modelos y demás datos, algo que se nota especialmente en equipos de gama alta, donde hay más músculo que exprimir.
Un detalle curioso sobre los nombres. AMD fue la que popularizó esta idea bajo su marca comercial Smart Access Memory, o SAM para abreviar. Más tarde llegaron NVIDIA e Intel y adoptaron el término estándar, Resizable BAR. Así que, aunque en el fondo estamos hablando prácticamente de lo mismo, puede aparecer con nombres distintos según el modelo que tengamos delante. No hay que asustarse por eso.
Cómo se configura y qué hace falta
Aquí viene la letra pequeña. Para sacarle partido a Resizable BAR no basta con tener una gráfica compatible. También hacen falta un procesador, una placa base y una BIOS que soporten la función. La buena noticia es que casi cualquier equipo montado en los últimos años cumple. En concreto, se necesitan procesadores AMD Ryzen 3000 o superiores, e Intel Core de décima generación en adelante.
El primer paso sensato es mirar si hay una actualización de BIOS para nuestra placa. Muchos fabricantes añadieron el soporte mediante actualizaciones lanzadas después de que la tecnología empezara a sonar. O sea que un equipo que en su día no era compatible puede pasar a serlo simplemente con una actualización de firmware. Si hace años que no tocas ese apartado desde que compraste el ordenador, es muy posible que estés justo en ese grupo. Así que, si no ves la opción a la primera, nada de dramas. Actualiza primero y luego mira.
Una vez dentro de la BIOS, la opción de Resizable BAR suele estar en los apartados de PCI Express o en la configuración avanzada del sistema. Ahora bien, antes de activarla normalmente hay que habilitar otra función llamada Above 4G Decoding, que se encarga de gestionar como es debido las grandes cantidades de memoria asignadas a dispositivos PCIe modernos. En muchos casos las dos opciones aparecen juntas, una al lado de la otra, aunque esto depende mucho de cada equipo. No existe un camino idéntico para todos, así que toca rebuscar un poco según la placa que tengamos.
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Imagen: hardzone.es
