El Ploopy Bean propone algo distinto para quien está cansado de arrastrar un ratón por toda la mesa. Se trata de un periférico que funciona como TrackPoint, es decir, permite mover el cursor sin desplazar nada por el escritorio. Y sí, para muchos eso ya es motivo suficiente para mirarlo con interés, sobre todo cuando el espacio en la mesa escasea.
Para mover el cursor de un ordenador hay muchas maneras, la verdad. Está el ratón tradicional, vertical u horizontal, el trackpad, o incluso los dedos si hablamos de una pantalla táctil, algo bastante habitual en tablets y ordenadores más modernos. El Ploopy Bean entra por otro camino, uno que rompe un poco con la costumbre de toda la vida.
Cómo funciona el TrackPoint de Ploopy Bean
El Ploopy Bean se maneja de una forma muy diferente a lo que estamos acostumbrados con un mouse de siempre. Aquí no se mueve nada por la mesa. Todo gira en torno a ese pequeño stick central que se controla con el dedo. En vez de deslizar, lo que se hace es ejercer pequeñas presiones en la dirección hacia la que queremos que vaya el cursor.
Lo bueno está en cómo interpreta esos movimientos. Por dentro lleva un sensor bastante preciso, capaz de detectar cambios muy pequeños, así que no hace falta apretar con fuerza ni hacer gestos exagerados. Con empujar ligeramente hacia un lado, el cursor empieza a moverse en esa dirección, y cuanta más presión, más rápido se desplaza. Al principio puede parecer raro si nunca se ha usado un TrackPoint, pero cuando uno se acostumbra se vuelve bastante intuitivo.
Un detalle interesante de este modelo es que el stick tiene más recorrido que los TrackPoint típicos de los portátiles. Eso significa que no hay que mantener el dedo en tensión todo el rato, y se nota más cómodo en usos largos. No solo resulta más fácil de controlar, también cansa menos, que no es poca cosa cuando se pasan horas frente a la pantalla.
Comodidad y funciones extra del periférico
El tacto está bastante bien resuelto. Tiene el agarre justo para que el dedo no se resbale, pero sin llegar a ser incómodo. Esto ayuda mucho cuando se necesita precisión, por ejemplo al seleccionar elementos pequeños en pantalla o al moverse despacio. Detalles que, sobre el papel parecen menores, marcan la diferencia en el día a día.
Otra cosa que conviene saber es que el Ploopy Bean no se limita a mover el cursor. También sirve para hacer scroll, normalmente combinándolo con algún botón. De este modo no hace falta una rueda como en los ratones clásicos, porque todo se concentra en el mismo control. Menos piezas, menos movimientos y todo bajo el mismo dedo.
Fuente
Imagen: hardzone.es
