El salto de OpenAI al mundo del hardware ya no es una idea vaga ni un rumor aislado. La compañía lleva años dejando claro que no quiere quedarse encerrada dentro de los aparatos de otros, y las últimas informaciones apuntan a algo mucho más grande que un simple experimento. Hablamos de toda una familia de dispositivos pensados para meter ChatGPT y sus agentes de lleno en la vida diaria de las personas.
Las charlas entre Sam Altman y Jony Ive sobre una nueva categoría de producto empezaron a filtrarse en 2023. Desde entonces el proyecto no ha parado de crecer. El movimiento clave llegó con la compra de io Products, la empresa que Ive fundó junto a antiguos diseñadores e ingenieros de Apple, en una operación valorada en unos 6.000 millones de euros. A partir de ahí, OpenAI reforzó su equipo con cientos de profesionales que venían de Cupertino y trazó una hoja de ruta que empezaría a tomar forma en 2027.
El primer aparato autónomo y el altavoz que quiere ser un compañero
Conviene recordar que la compañía ya estrenó su primer producto físico. Se trata de Codex Micro, un pequeño teclado auxiliar creado junto a Work Louder para controlar agentes de programación. Nada demasiado ambicioso, más bien un aperitivo. El siguiente paso sería mucho más serio, un dispositivo pensado para un público amplio.
Ese producto tendría la forma de una especie de altavoz inteligente portátil, sin pantalla, diseñado para actuar como un compañero personal en casa y no como un asistente de voz cualquiera. Llevaría batería recargable para moverlo de una habitación a otra, además de cámaras y sensores para entender el entorno. Algunas descripciones hablan incluso de elementos mecánicos capaces de moverse para dar cierta sensación de presencia, una idea que encaja con las ganas de Altman e Ive de crear algo menos frío que una pantalla.
ChatGPT y GPT Live serían la base de toda la experiencia. El aparato podría responder preguntas, manejar accesorios domésticos, reproducir contenidos, gestionar mensajes y adaptarse poco a poco a las costumbres de cada persona. En OpenAI no lo verían como un rival directo del HomePod, seguramente porque su enfoque estaría mucho más volcado en la conversación continua y en la capacidad de captar lo que ocurre alrededor. El lanzamiento se situaría a comienzos de 2027, con un precio estimado entre 180 y 275 euros, después de que los planes iniciales para este año se hayan ido retrasando.
Un smartphone propio y la tensión con Apple
El plato fuerte de toda la hoja de ruta sería un smartphone de OpenAI. Este teléfono no se limitaría a llevar ChatGPT como una app más, sino que estaría construido alrededor de una interfaz basada en agentes, con conocimiento continuo del contexto del usuario y capaz de completar acciones sin saltar todo el rato entre aplicaciones. Las informaciones apuntan a un procesador Dimensity 9600 personalizado, fabricado por MediaTek con tecnología de dos nanómetros, junto a unidades especializadas para procesar a la vez lenguaje e imagen. La cámara tendría un papel importante para leer el mundo real y darle contexto a los agentes.
Su fabricación podría arrancar durante la primera mitad de 2027, bastante antes de lo previsto en un principio. OpenAI habría elegido a Luxshare como socio principal de producción y estaría trabajando con Sunny Optical en distintos componentes de las cámaras. El analista Ming Chi Kuo calcula que la compañía podría distribuir unos 30 millones de dispositivos entre 2027 y 2028 si todo sale según lo previsto, una cifra muy ambiciosa para alguien sin experiencia en la fabricación masiva de teléfonos. Detrás llegarían otros formatos, como gafas inteligentes, una lámpara conectada o incluso auriculares, todos pensados para darle a la IA ojos, oídos y presencia física más allá de una app.
Esta ofensiva está subiendo la tensión con Apple, que ha demandado a OpenAI, a io Products y a varios antiguos empleados por una supuesta apropiación de secretos comerciales sobre diseño, fabricación y proveedores. OpenAI rechaza las acusaciones, aunque el litigio podría complicar nuevas contrataciones y generar cautela entre algunos socios industriales. Diseñar un altavoz, un teléfono o unas gafas atractivas ya es difícil de por sí, pero todavía lo será más demostrar que hace falta comprarlos para usar una inteligencia artificial que ya está disponible en móviles y ordenadores. OpenAI quiere dejar de vivir dentro del hardware ajeno, y ahora tendrá que probar que su propio hardware aporta algo que una simple aplicación no puede dar.
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Imagen: muycomputer.com
