Muere Bobby Prince, compositor de la banda sonora de DOOM, a los 81 años

by Redazione
Muere Bobby Prince, compositor de la banda sonora de DOOM, a los 81 años - Bobby Prince DOOM

La música de DOOM seguirá sonando aunque su autor ya no esté entre nosotros. Bobby Prince ha fallecido a los 81 años y, aunque su nombre nunca alcanzó la fama de John Carmack o John Romero, esos dos cerebros que sacudieron los videojuegos en los años noventa, bastan apenas unos segundos de aquella banda sonora para entender hasta dónde llegó su huella. Su trabajo ayudó a moldear la identidad sonora de toda una generación, una marca que todavía hoy resuena en buena parte de la industria.

Robert Caskin Prince III había nacido en 1945 en Madison, Indiana. Y su vida, hay que decirlo, fue de todo menos lineal. Sirvió como oficial del Ejército estadounidense durante la guerra de Vietnam, estudió psicología y derecho, ejerció de abogado y consejero profesional, y mantuvo siempre los pies puestos en la música. Esa pasión acabó empujándolo hacia un terreno que entonces apenas empezaba a entenderse como forma de expresión cultural.

De abogado a alma de la primera gran edad de oro del PC

Su nombre empezó a circular gracias a la colaboración con Apogee e id Software, dos casas que firmaron algunos de los títulos más importantes de aquella época. Prince compuso para juegos como Commander Keen, Wolfenstein 3D, Rise of the Triad y Duke Nukem 3D, pero fue con DOOM y DOOM II donde alcanzó algo parecido a la inmortalidad. Sus composiciones, empapadas de heavy metal, hard rock y metal industrial, lograron meter toda esa agresividad y esa energía dentro de las limitaciones técnicas de aquellos años, que no eran pocas.

Lo que hoy damos por hecho en muchos shooters en primera persona era entonces un terreno virgen. Acción frenética, demonios, escenarios infernales y guitarras imposibles. Esa mezcla construyó una atmósfera única que terminó siendo una de las señas de identidad de DOOM. Cuesta imaginar aquellos juegos sin su música. No acompañaba la acción sin más, la definía.

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Un reconocimiento que llegó justo a tiempo

El peso de esa aportación quedó reconocido de forma muy simbólica este mismo año, cuando la banda sonora original de DOOM fue seleccionada para formar parte de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, la institución que custodia algunas de las obras culturales más valiosas del país. No era solo un homenaje a Prince, también una manera de validar el videojuego como expresión artística. Y resulta inevitable pensar que el compositor pudo conocer ese honor apenas unos meses antes de su muerte.

En 2005 ya había recibido un premio a toda una trayectoria por parte de la industria, aunque su influencia va mucho más allá de cualquier estatuilla. Generaciones enteras de compositores bebieron de aquellas bandas sonoras que dieron forma al sonido de los videojuegos de acción de los noventa. Incluso hoy, más de tres décadas después, muchas decisiones musicales de los shooters modernos conservan ecos de aquel trabajo pionero.

Quizá lo más curioso de figuras como Bobby Prince es que casi nunca ocupan el centro del relato. La historia de los videojuegos tiende a recordar a los programadores de motores gráficos revolucionarios o a los diseñadores que imaginaron mundos inolvidables. Pero también existen creadores capaces de convertir esos mundos en experiencias memorables con una melodía, un ritmo, una atmósfera bien construida.

Con su marcha desaparece uno de los grandes pioneros de la música para videojuegos. Su nombre puede que no suene tanto como el de las franquicias para las que trabajó, pero su legado seguirá vivo cada vez que alguien recorra los pasillos de DOOM, se enfrente a los nazis de Wolfenstein 3D o recuerde las andanzas de Duke Nukem 3D.

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