Consolas retro portátiles: por qué su edad dorada explota justo ahora

by Tecnoandroid
Consolas retro portátiles: por qué su edad dorada explota justo ahora

Las consolas retro portátiles han dejado de ser un juguete para nostálgicos obsesionados con la emulación y se han transformado en un fenómeno de masas. No hay un solo culpable detrás de este boom, sino un cruce de circunstancias que, poco a poco, ha ido preparando el terreno. Potencia, precios ajustados, facilidad de uso y una generación con el bolsillo bien equipado. Todo ha coincidido en el momento justo, y el resultado es una explosión de dispositivos que llenan estanterías y carritos de compra.

Hace apenas unos años, una portátil de entre 50 y 100 euros movía sin despeinarse juegos de NES, SNES y Mega Drive. El problema llegaba cuando tocaba emular algo más exigente. Nintendo 64, PlayStation o Sega Saturn eran palabras mayores y ahí muchas máquinas empezaban a sudar. Hoy la historia es distinta. El mercado está repleto de procesadores ARM con la potencia suficiente para ejecutar prácticamente cualquier título de hace treinta años o más. Eso ha abierto la puerta a fabricantes que lanzan consolas capaces de emular casi cualquier plataforma anterior al año 2000 por muy poco dinero. La Retroid Pocket 5, por ejemplo, ya se maneja con soltura con juegos de PS2 mediante emulación, algo impensable no hace tanto.

Sencillez de uso y una generación con dinero para gastar

Otro punto que ha empujado este auge es lo cómodas que resultan. Los emuladores integrados han simplificado muchísimo la tarea de arrancar juegos antiguos. Basta con navegar por el menú, elegir el título y darle a ejecutar. Muchos de ellos, además, permiten guardar la partida para retomarla justo donde se dejó, sin complicaciones ni pasos raros.

El contraste con el gaming actual es enorme. Jugar a un triple A pide un PC con CPU y GPU razonablemente modernas, descargas que superan los 100 GB y que se actualizan cada dos por tres, cuentas en varias tiendas, sistemas de monetización que hay que sortear y, sobre todo, mucho tiempo libre. Los mundos abiertos, en ese sentido, son un pozo sin fondo. Con una consola retro portátil no hace falta nada de eso. Ni conexión permanente a Internet, ni depender de servidores, ni pelearse con configuraciones interminables para cuadrar el rendimiento con el hardware. Se enciende, se elige el juego (que a veces cuesta más decidirse que en Netflix) y a jugar.

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Y luego está el detalle económico, que pesa más de lo que parece. Quienes crecieron con una Game Boy, una Mega Drive, una NES o una PlayStation rondan ahora entre los 35 y los 50 años. Tienen un trabajo estable y pueden permitirse el capricho de soltar, como mucho, unos 300 euros en una máquina de este tipo para revivir los clásicos de la infancia. Modelos como la R36S, disponible en varios colores, apuntan directamente a ese público que busca revivir viejas sensaciones sin gastar una fortuna.

Fuente
Imagen: hardzone.es

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