Con la escalada de precios que han sufrido componentes como la memoria RAM y los SSD, mucha gente que no puede permitirse comprarlos a estrenar ha empezado a mirar en las páginas y aplicaciones de segunda mano. Es una forma lógica de ahorrar unos cuantos euros, sí, pero también un terreno donde conviene ir con mil ojos.
El problema es que no todo lo que se anuncia como nuevo lo es de verdad. Hay productos que aparecen descritos como impecables o casi sin uso cuando en realidad llevan años funcionando y están prácticamente para reciclar. Y a simple vista, muchas veces no hay forma de notarlo. Por suerte, existen maneras de salir de dudas antes de dar por buena la compra.
Comprobar la salud de un componente de segunda mano
Antes de instalar cualquier pieza en el equipo, sobre todo si no podemos garantizar que sea nueva, lo suyo es revisar su estado. Tanto los SSD como la RAM dejan pistas claras de desgaste si sabes dónde mirar, y lo mejor es que hay herramientas gratuitas que hacen ese trabajo por ti.
En el caso de los SSD, uno de los métodos más fiables pasa por usar programas como SSD-Z o CrystalDiskInfo. Estas aplicaciones dan acceso a los datos S.M.A.R.T. del dispositivo, donde se guardan las métricas que cuentan la verdad sobre su estado. Uno de los valores más importantes es el número de horas encendido, el famoso Power-On Hours, que indica cuánto tiempo ha estado en marcha el disco. Un SSD que se vende como nuevo debería mostrar cifras muy bajas, normalmente por debajo de las 100 horas. Si el número es alto, ya sabes por dónde van los tiros.
Otro dato que conviene mirar es el número de ciclos de escritura, o Total Host Writes. A diferencia de los discos duros tradicionales, los SSD tienen una vida útil limitada según la cantidad de datos que se escriben en sus celdas. Si este valor está por las nubes, significa que el disco ha trabajado de lo lindo, por muy limpio que parezca por fuera. También merece la pena fijarse en el porcentaje de salud, el Health Status, que muchas herramientas resumen de forma sencilla. Cualquier cifra bastante por debajo del 100% debería encender las alarmas, sin importar las horas de uso, porque un disco puede tener pocas horas pero muy intensas, o al revés.
Con la memoria RAM la cosa cambia un poco, ya que no lleva registros de uso tan detallados como los SSD. Aun así, se pueden pillar problemas usando herramientas de diagnóstico como el propio test de memoria de Windows o MemTest86. Estos programas analizan la estabilidad de los módulos y detectan errores que podrían delatar desgaste o fallos escondidos. Averiguar los años que tiene encima es más complicado, cierto, pero al menos permite saber si el módulo funciona bien o si arrastra algún error antes de soltar el dinero.
Fuente
Imagen: hardzone.es
