El modo eco del lavavajillas parece la elección perfecta para quien quiere ahorrar agua y luz sin renunciar a unos platos limpios. Lo usan muchísimas personas convencidas de que es la opción más responsable, y durante años nadie se ha cuestionado nada. Pero hay dos motivos de peso por los que no conviene usarlo como única alternativa, y tienen que ver con la temperatura del agua.
Vamos primero con los números, porque ahí está parte de la sorpresa. Según un estudio de la OCU, el modo eco consume de media un 16% menos de agua y un 20% menos de electricidad que el programa normal. Suena bien, hasta que se mira el detalle. En litros, el programa normal gasta unos 13 litros y el eco unos 11. La diferencia, como se ve, no es para tirar cohetes. Y traducido a dinero, el ahorro anual ronda los 7,7 euros: 0,60 euros de agua y 7,1 euros de electricidad. Vamos, que el bolsillo apenas lo nota.
El problema está en la temperatura
Aquí viene lo interesante. Los programas eco suelen calentar el agua hasta unos 50 grados. Es suficiente para ablandar la suciedad y que se desprenda de platos y cubiertos, pero no para acabar con ciertas bacterias habituales en una cocina, como la E. coli o la salmonella. Las guías de seguridad alimentaria hablan de temperaturas a partir de 60 o 65 grados, combinadas con un tiempo de exposición suficiente, para eliminar la mayoría de microorganismos. Por debajo de ese rango, aunque el plato salga reluciente y huela a limpio, no hay garantías.
Los programas normales rondan los 60 grados, y muchos lavavajillas tienen además modos intensivos que llegan hasta 70 u 80 grados. Lo mejor es echar un vistazo al manual del modelo concreto para saber exactamente a qué temperatura trabaja cada ciclo. Y un detalle que se suele pasar por alto: abrir la puerta antes de tiempo. Aunque el lavado haya terminado, el calor residual sigue secando la vajilla y rematando cualquier bacteria que pudiera quedar.
Y un riesgo añadido para la máquina
Que el agua no esté tan caliente tiene otra consecuencia, esta vez para el propio aparato. Con el tiempo se forman depósitos de grasa y restos en los conductos del lavavajillas. Si el agua no calienta lo suficiente, esos depósitos se acumulan más, lo que puede provocar malos olores e incluso favorecer una avería a la larga.
Hay quien lo ha vivido en primera persona. Un usuario contó que su lavavajillas se estropeó y el técnico señaló directamente al modo eco: la temperatura del agua no disolvía bien el jabón, que se fue acumulando en los conductos hasta taponarlos. Eso no significa que haya que desterrar esta opción para siempre, pero sí que no debería ser la única. Alternarla cada cierto tiempo con un modo intensivo es la forma de aprovechar el ahorro sin descuidar ni la higiene ni la salud de la máquina.
Meta description: El modo eco del lavavajillas ahorra poco y no elimina ciertas bacterias por su baja temperatura. Te explicamos por qué no debería ser tu única opción.
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